
Al salir la enfermera, cogí el espejo con cuidado, tomé aire y me miré.
Vi mi reflejo. Mis formas. Labios, nariz, cejas, orejas… ojos.
Vi mi reflejo. Y vi mis pupilas.
Y vi, en mis pupilas, el reflejo de mi reflejo mirando el reflejo de mi reflejo. Y en las pupilas de mi reflejo vi el reflejo de mi reflejo mirando el reflejo de las pupilas de mi reflejo.
Y vi una niña morir de pena. Y en los ojos de la niña vi el océano convirtiéndose en haces de luz. En nieve y en lluvia. Y en el charco que quedó de la lluvia vi las hojas rojas cayendo de los árboles en otoño. Y en la resina de los árboles de los que caían las hojas vi un perro hambriento de ojos tristes. Y en el reflejo de los ojos tristes del perro vi una tormenta de arena. Y en el grano de arena al sol vi una rosa pudrirse. Y en lágrima de la rosa vi a la enfermera entrando en mi habitación. Y en los ojos de la enfermera vi mi propio reflejo.
Vi mi reflejo.
Vi mis pupilas.
Y en el reflejo de las pupilas de mi reflejo vi el vacío. El vacío. Y me perdí.