Gris

«Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil»

Atribuida a Albert Einstein

―¿Pero si es usted gris?―respondió el tendero―Aquí no necesitamos gris… a uno cuando entra en la tienda le gusta que le atiendan con alegría y vitalidad. Necesitamos naranjas, rojos, amarillos, verdes… lo siento mucho…

―Ya, ya comprendo. Gracias.

Ese día me había despertado gris, como todos los días desde hacía casi treinta años.

Era difícil ser gris. Ningún otro color quiere tener cerca al gris. El gris se transmite, se expande contagiando al resto de colores como una especie de neblina.

En todas partes, en las revistas, en los carteles de la calle… se veían naranjas, amarillos, rojos… resplandecientes, mostrando su luz y su felicidad. La calidez, felicidad y sexualidad que desprendían eran para mí solo un motivo más de tristeza. ¿por qué ellos eran así y yo no? ¿por qué yo era gris?

Nací blanco, como todos. Como un lienzo a la espera de ser diseñado y definido. Pero me fui enfriando y oscureciendo.

A nadie en el barrio le extrañó, ya que mi creador principal era un triste morado pálido y mi otro creador, se rumoreaba que al final de tanto intentar encajar se volvió negro. 

Con eso… nadie esperaba nada diferente de mí. 

Es curioso como uno sin darse cuenta acaba siendo lo que otros esperan.

Siendo gris era complicado tener amigos. A lo largo de mi vida conseguí tener de amigos a un azul oscuro y a un marrón.

Cuanto más tiempo pasábamos juntos más palidecían sus colores. Cuando dejamos de ser amigos ellos eran azul grisáceo y un marrón así tirando a color caca.

Tampoco era fácil encontrar una pareja. El rojo, que normalmente es un color con el que uno se familiariza cuando cumple los quince, se convirtió en un imposible para mí.

Me llegó la oportunidad a los 28, con un rojo oscuro, así como bermellón. La oscuridad lo perseguía pero tenía pasión y fogosidad. Sin embargo, poco a poco mi melancolía se le fue transmitiendo. Cuando terminamos la relación era una especie de granate oscuro pálido. Muy triste.  

A mis 37 años, todavía no había conocido ningún color que pudiera estar conmigo.

Un par de años más tarde todo el mundo empezó a hablar del caso de un color que había conseguido superar los 10 años y seguir siendo blanco. 

Blanco impoluto.

Con el tiempo los colores vivos pasaron a molestarme cada vez más. A mis 60 años era gris oscuro y estaba solo.

Un día estaba en el parque, al que siempre iba por costumbre no por gusto, cuando una voz sorprendió el ya acostumbrado silencio que acompañaba mi cotidiana y solitaria vida.

―Hola, buenos días.

Me giré y ahí estaba, era blanco. Debía tener 31 años, y aún era completamente blanco.

―Ho… hola. ¿qué tal?―dije con sorpresa.

―¿Por qué siempre te sientas aquí tú sólo? 

―¿Cómo que porqué? ¿Es que no lo ves? Soy gris.

―Si claro que lo veo, pero sigo sin entender porqué te sientas aquí solo.

―Claro que no lo entiendes. Tu eres blanco, la vida debe ser completamente diferente para ti… ¿Cómo sabes que siempre me siento aquí solo? Nunca te había visto.

―Porque yo también vengo siempre aquí, pero me escondo.

―¿Por qué se iba a esconder alguien como tú?

―Todos los colores de acercan a mí para compartir conversaciones, vitalidad, alegría y luz… es difícil estar solo o estar en silencio… 

En ese momento gris se descubrió así mismo sintiendo lástima de blanco, de ese blanco tan precioso y tan envidiado que resplandecía a su lado.

―Supongo que es normal, eres blanco, el único blanco. Yo soy gris, así que la soledad y el silencio son mi vida.

Blanco se giró y me miró.

―¿Sabes? – dijo con actitud distraída – El otro día me hablaron sobre unos seres que por la forma de su cara saben si son bonitos o feos, también me hablaron de otros seres que según su olor son mejores o peores… y otros que constantemente se suben a unas máquinas para saber cuánto pesan. Al parecer pesar mucho para ellos es algo malo y pesar poco es algo bueno. 

―¿Cuánto pesan? ¿la forma de la cara? ¿El olor? ¿y cómo miden eso?

―No sé… al parecer unos tienen una unidad de medida y los otros seguramente algún cánon que indica qué es bonito o feo y qué huele bien o mal.

―Que tontería que algo que ellos mismos miden con un canon inventado defina toda su vida.

Ante esa frase blanco soltó una carcajada.

―¿De qué te ríes?

Pregunté algo molesto.

―Me sorprende que hayas llegado tan rápido a esa conclusión.

―¿Por qué te sorprende?

―Porque en realidad no somos tan diferentes a todos esos seres; toda tu vida ha estado marcada porque tú eres gris, igual que toda la mía marcada porque soy blanco.

Esa noche llegué a casa con un montón de nuevos pensamientos en la cabeza. Al día siguiente volvería a ver a blanco en el parque. 

Me sentía diferente aunque no entendía porqué.

Y de repente, lo vi. En medio de mi gris, de ese gris que con los años se había vuelto oscuro y triste, había un destello blanco.

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