
«Escribir es la manera más profunda de leer la vida.»
Francisco Umbral
Quería contar una historia. Sentía que tenía que hacerlo. Se sentó delante del papel en blanco. Nada. Continuó, ahí sentado, frente al papel… nada…
Permaneció sentado durante veinte días y veinte noches.
Y finalmente, atemorizado ante la idea de no poder escribir una sola palabra, Timoti levantó la cabeza del papel y miró al anciano.
―Pero―dijo―¿y si no puedo contar una historia?
―¿Cómo no vas a poder contar una historia?―respondió el anciano―Todo el mundo puede contar una historia si conoce algún lenguaje. ¿Tú conoces algún lenguaje, no? Pues busca una historia y cuéntala.
Timoti se quedó pensativo y el anciano se dio cuenta de que no estaba satisfecho con la respuesta.
―Escribe una historia―continuó―las historias están a nuestro alrededor, dentro de cada persona, dentro de cada cosa… hasta el viento con su movimiento cuenta una historia sobre dónde estuvo y a dónde irá.
Las historias simplemente son… y tú tienes que entrar en ellas, sentirlas, olerlas, vivirlas… y luego, sin más, contarlas.
Yo las cuento con las palabras que sin más aparecen en mi cabeza. Las cuento con el corazón, las cuento con la piel y con la sangre… pero no me pertenecen, ni a mí ni a quien las lee. Ellas simplemente son. Y yo las uso… creo imágenes con ellas, imágenes que te llenan de amor, que te atemorizan, que te hacen desternillarte o que te sumen en la oscuridad… creo melodías con ellas, unas que van muy rápido, y, otras… otras, que pueden ir… despacio, mucho más despacio… porque la escritura es pasión, es imagen, es sentimiento, es historia y es música. Así que si no puedes escribir, canta, y cuenta una historia con tu voz, o baila, y cuenta una historia con tu cuerpo, o toca, y cuenta una historia con tus manos.
Sea como sea no dejes de contar historias.
Es lo que somos.